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miércoles, 17 de mayo de 2017

La tienda del señor Emilio, sesenta años despues.

Uno de los escenarios de mi infancia, en la calle Caballeros, de los pocos que han sobrevivido a las modernizaciones y que siguen igual que entonces, al menos externammente. La típica tienda de ultramarinos de los años 50, en los que se vendía de casi todo y que olía a canela, sardinas de bota y a petroleo. El señor Emilio nos llenaba de atun el pan que llevábamos de casa a la hora de la merienda, sacándolo de una lata enorme con una cuchara y sujetándolo con el dedo. Remataba con un poco de aceite de la misma lata y creo que no he vuelto a comer bocadillos como aquellos

sábado, 22 de junio de 2013

El Forn de Paco

En la esquina de las calles Mealla y Maura, era lugar de peregrinación muchas tardes, a la salida del colegio, con un peseta rubia agarrada en la mano, para comprar un bollo de pan bombón (envuelto en una servilleta de papel de seda ilustrado con cenefas) y una cocholatina Lingotin de Elgorriaga. Una merienda de lujo en aquellos años de postguerra. El horno cerró hace años. Ahora, se vende.

viernes, 24 de mayo de 2013

El plátano de oro

El título del post no esconde ningún significado especial. Simplemente, cuando yo era niño, aquí había un almacén de un comerciante de frutas. Se llamaba "El plátano de oro" y al pasar por la acera te llegaban los pñpres de de fruta. Era la época de la escasez.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Del Castellón viejo


Aprovechando las fiestas navideñas he paseado el Castellón de mi infancia, buscando fotografiar parte de mi memoria personal, pero... ¡mi gozo en un pozo!  No era consciente hasta ahora, pero mi infancia ha caído víctima de la piqueta, de la mal llamada modernización y, sobre todo, de la desidia municipal que ha permitido que cada vecino haya hecho de su capa un sayo. Se me ha hecho evidente el porqué Castellón es una ciudad despersonalizada que ha perdido cualquier rastro de su carácter en los ultimos cuarente años. En la foto, una de las escasas fachadas que se mantienen como hace años.

martes, 11 de diciembre de 2012

La tia Vicentica

Otro retrato glorioso del estudio de los Colon, allá por el primer cuarto del siglo pasado. Para mi gusto, una verdadera obra maestra,  en la que aparecen mi padre y su hermana Vicentica, aficionada  entusiasta a las misas, las cofradias, el ganchillo y los optalidones. Con el tiempo la nilña de la foto se convirtió en una solterona dedicada a sus novenas, a sus misas y a cuidar de sus sobrinos, nosotros, persiguiéndonos incansable para convertirnos en niños piadosos y educados. Sus esfuerzos tuvieron escaso éxito: nos resistimos como gato panza arriba a sus intentos de sacarnos del asilvestramiento. .

jueves, 8 de diciembre de 2011

Un post para la familia

Otra de esas fotos antiguas que aparecen en los cajones y que son verdaderas obras maestras. Calculo que fué tomada en torno a 1924, en Barbastro, provincia de Huesca, en el estudio de un tal Gallifa (Argensola 14 dice en el passpartout) y es una espléndida fotografia de grupo, de las que aquellos artesanos de la fotografía fabricaban a diario. Datos para la historia familiar: se trata de los abuelos Manuel e Isabel, con mi madre (esa niña que aparece debajo del gorro con aspecto de lechuga - el gorro, no la niña) y el tío Manolo, que sostiene en las manos una ovejita (¿de trapo?). El abuelo Manuel, sentado, como corresponde al padre de familia, me recuerda a Gregory Peck en aquella película de Henry King, "El pistolero".La abuela se puso sus mejores galas, piel incluida al cuello. Lo dicho: buena foto; buen recuerdo familiar.

martes, 20 de septiembre de 2011

Cadáveres exquisitos


En las profundidades del disco duro, encuentro esta foto de la Plaza Mayor de Vila-Real, cuando aún era aun espacio habitable. Año 2004. Después, una corporación municipal con aires de grandeza, lo ha convertido en un desierto de piedra artificial. Descanse en paz y larga vida al aparcamiento subterráneo, que, al fin y al cabo, es lo que se pretendía.


El antes y el después de estos idiotas que creen que la modernidad es un tema de apariencias

domingo, 11 de septiembre de 2011

La botella medio llena

Lo que tenía que ser el gran eje urbano del Castellón del futuro y fuente inagotable de negocio para los especuladores del presente, ha machacado la zona residencial de verano de la ciudad de finales del siglo XIX y gran parte del XX. Victimas del progreso han caido villas y jardines, pero, por alguna razón misteriosa, alguien decidió indultar este banco de azulejos, que ha quedado medio enterrado en mitad de la acera. ¿La botella medio llena o la botella medio vacía?

lunes, 5 de septiembre de 2011

El peso de la historia: el desvío de la N-340 (1956)

Coincido con Bleda y Rosa en que los territorios están ocupados por las circunstancias históricas que se han desarrollado en ellos y en que la fotografía puede servir para poner de manifiesto las huellas y testimonios que constituyen nuestra memoria.
Me gustaría poder decir que en esta imagen del borde urbano del actual Castellón he querido reflejar los espacios por los que transcurrió la juvenud del Tombatossals, o los caminos por los que cruzaron la Plana El Cid, Charlon Heston y sus huestes, camino de la conquista de Valencia (que se parecía tanto a Peñiscola), pero debo conformarme con recordar que aproximadamente por aquí estaba aquel huertecito que a mis diez años cultivé en un masset que tenían mis tías por la zona, y que, antes de mi primera cosecha de patatas y calabazas, desapareció engullido por el primer desvío de la N-340. Mi primer trauma infantil, mi primer drama urbanístico.

martes, 26 de julio de 2011

Tradición ancestral

Tener diecisiete años y pelar la pava en las ventanas del Casino. Los señores de dentro, se enfadaban y tenían que interrumpir su principal ocupación, el no hacer nada, para golpear los cristales, en un inutil intento de ahuyentar a la gente joven, que no les dejabana ver a las chicas que pasaban por la calle Enmedio. ¡Adonde iremos a parar!

domingo, 10 de julio de 2011

El cabaret

A veces, entre el paisaje del Castellón de la burbuja inmobiliaria, aparecen restos del Castellón de mi infanica. En este caso se trata de "Don Hilarión" (para mi generación, simplemente "el cabaret"; no había otro), la casa de putas del Castellón de los 50.
El viejo prostíbulo no ha podido competir con las grandes superficies del sexo que han aparecido en torno a la zona de la cerámica y su fachada, sucia, polvorienta y deteriorada, luce el ahora habitual letrero de SE VENDE, aunque el eufemisno de "dancing" sigue coronando la fachada
Situada a espaldas del Colegio de los Escolapios y antes de llegar al Hospital, marcaba una zona prohibida para nosotros. Su proximidad al colegio hacía que los alumnos de primeros años de Bachillerato, en lo que nos parecía una terrible transgresión de las normas, hacíéramos expediciones a la calle del pecado, como si fuéramos aventureros que arriesgaban la virtud simplemente por pasar, en grupos y empujándonos los unos a los otros, por la acera de enfrente del cabaret. Al día siguiente nos ufanábamos de la hazaña ante los compañeros e incluso había quien contaba las psicalípticas historias inventadas que aseguraba haber entrevisto a través de la puerta al pasar, para asombro y regocijo de la audiencia.
Manuel Vicent, se refiere a él en su novela “Tranvía a la Malvarosa”: “Muy cerca de la tapia del hospital de Castellón, en una calle de bares y talleres eléctricos, envuelta en el trajín de carromatos que pasaban por la Ronda Mijares se levantaba la fachada del cabaret Rosales, un antro con sabor a fresa y a esencia de amoniaco, de estilo colonial.”

jueves, 9 de junio de 2011

La pandilla Pastilla


Algunos de los asistentes al almuerzo de los martes hacemos un recuento rápido de los comprimidos farmaceúticos que consumimos al día y contamos más de treinta entre los tres. La evidencia de la fragilidad de la vida humana se nos revela como un relámpago y dedicamos el resto de la mañana a lamentar el tiempo pasado y lamernos las heridas. ¡Con lo que nosotros hemos sido!

lunes, 30 de mayo de 2011

Ya soy un jubilado


Repentinamente y sin aviso previo, esta mañana me he levantado con sesenta y cinco años cumplidos, y, una vez superada la depresión del momento y vencido un ataque de llanto nervioso, he salido a la calle dispuesto a cumplir responsablemente con todas las obligaciones del jubilado.

Primero, al Ambulatorio, antes de que la victoria del PP en las elecciones autonómicas le animen a instaurar el copago en la Seguridad Social y cada visita al médico de cabecera me obligue a rascarme el bolsillo, con lo que esto nos molesta a los jubilados. En la foto, el momento histórico. Ahí estoy yo, con cara de jubilado y junto a otros jubilados de mi misma condición, posiblemente con una salud de hierro comparada con la mía, ya que llevarán algún tiempo consumiendo cantidades ingentes de productos farmaceuticos a costa del erario público.

La segunda parte del ritual jubilar, debía haber consistido en la inspección de alguna obra municipal, con sus correspondientes consejos a los obreros y feroces críticas a la labor de aparejadores y arquitectos. Pero las condiciones sociales y políticas del momento (elecciones recientes, cambios en la alcaldía y crisis galopante en las finanzas municipales) han hecho que no haya podido localizar ninguna infraestructura municipal en proceso de construcción. ¡Ni una mala zanja que llevarme a la boca! Aplazaré pues esta parte de mis obligaciones al momento en que los equipos de gobierno, recien constituidos y con las pilas puestas, decidan demostrar a los vecinos lo acertado de la decisión de haberles votado.