

Altarcillo callejero, de influencia vagamente taurina, en las calles de Benlloch. Nadie explica quienes son los dos personajes con la palma del martirio en la mano, subidos a su correspondiente peana, pero queda muy claro quien lo construyó y quien lo reconstruyó años después. Sospecho yo que realmente el altar está dedicado a los prohombres locales (¡santos varones!) y los santos mártires son sólo la excusa. Hay que recordarle al cielo quienes son sus verdaderos aliados en la tierra.
Vanitas vanitatis et omnia vanitas.