

Hoy es martes y he almorzado en el Grao, en
Les Planes, uno de esos bares entrañables que se mantienen incontaminados en su intemporalidad, al menos desde que tengo recuerdos. Parroquianos que hablan a gritos, mesas con tapa de mármol, carteles de toros y fotos de futbolistas en las paredes,
torraetes d’anxoes y carajillos de ron. A diferencia de
la Mesa y Mantel de los miércoles, todos los comensales somos próximos ideológicamente y eso nos permite criticarnos a nosotros mismos sin tener que guardar las apariencias. Somos pesimistas en general, con alguna discrepancia, pero hay un consenso básico: nacimos sin entender muy bien cómo funcionaba el mundo y hemos conseguido llegar a sexagenarios sin cambios. Conócete a ti mismo.