
Pese a lo dicho ayer, no me resisto a subir esta joya, localizada en uno de mis paseos. Un viejo vagón de ferrocarril, retirado de las vías y convenientemente decorado por Dr. Pene, ese artista del falo colorido. La meteorología colabora con un cielo encapotado y unas luces difusas que resaltan los colores. Y un xirimiri persistente que me ha dejado con los pies empapados y helado hasta los huesos. Vaya lo uno por lo otro.