viernes, 11 de enero de 2013

Familia que compra unida permanece unida


Innovadora señal de tráfico detectada en el parking de una famosa gran superficiue de muebles sueca. No acabo de entenderla, pero al parecer supone una ventaja en el aparcamiento de las familias (ahí están los papás, el niño y el carrito del Benjamín) que acuden juntos a  gastarse los cuartos. El consumo, el Dios actual de la sociedad capìtalista. Familia que compre unida, permanece unida.  Hace años, allá por los sesenta, el eslogan era "Familia que reza unidad, permanece unida" y el padre Peyton, un sacerdote estadounidense, aplicaba técnicas de marketing rosariero y montaba unos saraos de padre y muy señor mío, juntando miles y miles de personas para rezar el rosario, ese mantra católico, propio de aquellos tiempos en los que el tiempo no tenía ningun valor. Luego se puso de moda rezarlo en casa, en familia, y alguna vez me pasó ir a por un amigo y encontarme liado a rezar el rosario en casa ajena.  Pero los tiempos cambian y, hace un par de años, la abuela de Ana hija, con ese afán proselitista tan propio de las abuelas, le regaló un rosario. La niña, como nieta bien educada, lo cogió, lo agradeció, pero cuando tuvo ocasión me preguntó: "esto que me ha dado la abuelita, ¿para qué sirve?". Lo que a la abuela le parecía evidente y necesario, para la nieta era un completo misterio. Y es que no quieren enterarse.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Las botas de siete leguas


Cosas de Anna. Dice que se ve mayor y, como Geraldine Chaplin, prefiere que le miren los pies a que le miren la cara.
Cada día inventa una insensatez nueva.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Del Castellón viejo


Aprovechando las fiestas navideñas he paseado el Castellón de mi infancia, buscando fotografiar parte de mi memoria personal, pero... ¡mi gozo en un pozo!  No era consciente hasta ahora, pero mi infancia ha caído víctima de la piqueta, de la mal llamada modernización y, sobre todo, de la desidia municipal que ha permitido que cada vecino haya hecho de su capa un sayo. Se me ha hecho evidente el porqué Castellón es una ciudad despersonalizada que ha perdido cualquier rastro de su carácter en los ultimos cuarente años. En la foto, una de las escasas fachadas que se mantienen como hace años.